Me gusta cuando pago en la caja del supermercado y la cajera me va dando uno por uno los billetes y los va contando, mientras yo siento la leve presión que ella ejerce al apoyarlos sobre la palma de mi mano y escucho su voz que me susurra: "veinticinco, treinta, cincuenta, y cincuenta... ¡cien!". Al final, coloca el ticket como la frutilla del postre sobre los billetes y monedas. Siento una conexión íntima (?) con la señorita.